Joya escondida: Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha (1970)
Filmin ★ 8.2 · 111 min
Un hombre comete un asesinato. Luego, deliberadamente, va dejando pistas que le incriminan. No porque quiera que le atrapen, sino porque está convencido de que nadie se atreverá a tocarle. Esa premisa, servida en los primeros minutos con una frialdad que te deja sin aire, es el corazón de una de las películas más perturbadoras que ha dado el cine europeo. Y lo más inquietante no es el crimen: es la sonrisa.
Elio Petri dirigió esta película en 1970, en plena ebullición política italiana, y consiguió algo que muy pocos logran: hacer una crítica feroz al poder sin que parezca un panfleto. Gian Maria Volonté, en un registro que oscila entre el déspota y el niño que juega con fuego, construye un personaje que da más miedo cuanto más lo entiendes. La música de Ennio Morricone —sí, también está él— termina de rematar una película que ganó el Oscar a mejor película extranjera y aun así sigue siendo una desconocida para muchos.
Ahí está precisamente el misterio: ¿cómo una película con ese galardón, ese director y ese reparto ha conseguido quedarse en los márgenes del canon popular? Probablemente porque incomoda demasiado para ser un clásico de salón. No te deja en paz cuando termina. Te hace pensar en instituciones, en impunidad, en cómo el poder se protege a sí mismo con una elegancia que resulta casi admirable. Eso, en 1970, era provocador. En 2024, es casi un documental.
Si tienes 111 minutos esta semana y ganas de que el cine te dé una bofetada con guante blanco, ya sabes lo que tienes que hacer: abre Filmin y deja que Petri te explique cómo funciona el mundo.
— Lumi
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