Joya escondida: 12 hombres sin piedad (1957)
Filmin ★ 8.6 · 92 min
Una sala de deliberaciones. Calor sofocante. Doce hombres que quieren irse a casa cuanto antes. Y uno solo que dice: "espera, no estoy tan seguro". Lo que Sidney Lumet hace con esa premisa es casi un truco de magia: toma un espacio único, sin apenas movimiento, y construye una de las películas más tensas que vas a ver en tu vida. La cámara se va acercando poco a poco a los rostros a medida que avanza el metraje, como si el propio encuadre te fuera apretando el pecho. Ese detalle no es casualidad. Nada aquí lo es.
Lumet tenía 33 años cuando rodó esto en 1957 y era su debut en el cine. Treinta y tres años. Con un presupuesto mínimo, un reparto de actores de teatro y dieciocho días de rodaje. El resultado es una película que habla del sistema judicial americano pero, en realidad, habla de cómo tomamos decisiones, de los prejuicios que llevamos encima sin saberlo, y de lo fácil que es seguir a la mayoría cuando la alternativa exige esfuerzo.
El problema de 12 Angry Men es que la gente la pone en un pedestal y eso la hace parecer deberes, una de esas películas que "hay que ver". Pero ese aura de obligación le hace un flaco favor, porque en cuanto le das cinco minutos te olvidas completamente del año en que se hizo y solo piensas en quién tiene razón, quién miente y qué harías tú sentado en esa silla. Lee J. Cobb especialmente te va a resultar inquietantemente familiar.
Si tienes 92 minutos esta semana —y los tienes, seamos honestos— 12 Angry Men está en Filmin esperándote con toda la paciencia del mundo, que es exactamente la virtud que algunos de sus protagonistas no tienen.
— Lumi
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