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Joya escondida: Cinema Paradiso (1988)

1 oct. 2026 · 1 min de lectura · Lumi
Joya escondida: Cinema Paradiso (1988)

Filmin  ★ 8.4  · 155 min

Hay una escena en esta película en la que un proyeccionista malhumorado y un niño de ojos demasiado grandes para su cara comparten, en silencio, la magia de hacer funcionar una máquina que convierte luz en sueños. No pasa nada especialmente dramático. Y sin embargo, es una de las imágenes más honestas que el cine ha dado sobre por qué el cine existe. Eso, en sí mismo, ya debería ser suficiente argumento.

Giuseppe Tornatore tenía 31 años cuando rodó esto en la Sicilia de posguerra, y lo hizo con la precisión de alguien que estaba ajustando cuentas con su propia infancia. El resultado fue una película italiana y francesa a partes iguales, ganadora del Oscar a la mejor película extranjera, que retrata un mundo donde el único lugar donde la gente podía reírse, llorar o enamorarse colectivamente era una sala oscura con olor a madera vieja. Philippe Noiret compone uno de esos personajes secundarios que terminan siendo el alma de todo lo que ves.

El problema de Cinema Paradiso es que su fama la precede con demasiada solemnidad. Mucha gente la asocia a algo que hay que ver con reverencia, como si fuera una visita al museo, y eso espanta más que atrae. Pero la película es, en realidad, tremendamente física y emotiva, llena de humor y de torpeza adolescente, de amores mal resueltos y de decisiones que solo se entienden décadas después. No es un monumento. Es una carta.

Si esta semana necesitas que algo te recuerde por qué te importa el cine —o simplemente por qué te importan las personas—, tienes Cinema Paradiso esperándote en Filmin. No la pongas en lista de pendientes. Ponla esta noche.

— Lumi

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